Sencillamente… ¡SOY YO! – Retiro del Sea Abril 2015

photo-1439003511744-2a0490ea0a88 copySiempre empezamos nuestra oración con el camino del recogimiento. Tomar conciencia que en nuestra oración nadie nos puede obligar. Venimos a estar contigo y renovamos siempre la intención, conjuntamente con un profundo acto de fe, de esperanza, de amor. La fe manifestada en esta confianza, creo Señor que estás aquí, en la Eucaristía, y que el Cielo está aquí, que estás en mí.

Me abro a esta presencia de Dios, de Cielo, sin pensarla, es una actitud, una conciencia abierta: sé que esto es así. No me voy a imaginar el cielo, imposible. Simplemente lo traigo como presencia, me pongo como presente. Sin nada más. Es una constatación: es cierto: el cielo está aquí. Y esto me llena de esperanza.

Me percibo corporalmente y me recibo así como estoy, así como me siento, y así me presento. No tiene que pasar nada. No tengo que lograr nada. Es algo muy sencillo, muy humilde: sólo me dispongo, me traigo. Así estoy, Señor. En este acto de fe, de presencia, de una gran esperanza, me ubico, me centro en el amor. En un acto de amor: Señor, te estás entregando a mí… y yo te estoy recibiendo. Señor, me estoy entregando a Ti, y Tú me estás recibiendo. Es un acto continuo de amor que se expresa en el estar aquí, en mi respiración, en mi disposición corporal, unificando todo mi ser. Se trata de amor. De una atención amorosa…

El primer paso en el camino del recogimiento es tomar conciencia de que estoy aquí para un acto de fe, de esperanza, en este amor. Me traigo aquí. Soy yo y estoy aquí. Pongo mi atención en una mirada amorosa a este primer don que soy yo mismo, mi cuerpo, mi vida, para poder estar encarnado, no disociado.

Soy yo y estoy aquí. Me recibo y me presento. Me recorro amorosamente, invitándome en esta mirada amorosa a estar aquí en tu presencia, Señor; a descansar en tu presencia.

Me presento amorosamente en una actitud de apertura expresada en esta postura, en esta quietud de mi cuerpo: la espalda derecha, el mentón paralelo al piso, los músculos de la cara distendidos… Me voy recorriendo de arriba abajo, dedicando más tiempo, más aire, una respiración más profunda a los órganos de mi cuerpo que encuentro más contraídos, tensos. Con una mirada amorosa, me recorro una y otra vez, hasta que me quedo en una percepción de mí mismo estando aquí, presente a Ti, Señor. Yo en Ti, Tu en mí. Estoy aquí, estás aquí. Las manos juntas, los hombros que caen, la cabeza y la columna en una postura orante… y así me quedo… Cuando me distraigo con lo que la mente produce, vuelvo a mí, a la conciencia de que estoy aquí, a la postura corporal… Vuelvo una y otra vez a esta certeza de fe que me llena de esperanza, a este acto de amor.

No pienso a Dios, ni me pienso a mí. Sencillamente me percibo: soy yo; me traigo: estoy aquí. Presente a mí. Estoy aquí. Presente a Ti: estás aquí. En este abrazo de presencia estamos: Tú en mí y yo en Ti.